La vida interior de las plantas de interior

Patricio Pron

Mondadori

Dice Patricio Pron en un artículo de su blog publicado originalmente en el ABC Cultural de España que César Aira “siempre ha prestado más atención al singular procedimiento de su invención (que le permite publicar hasta cinco libros breves al año) que al resultado de ese procedimiento”; en el artículo, Pron se ocupa de su coterráneo a través del comentario de una novela, Los fantasmas, y una colección, Relatos reunidos, que incluye un cuento en el que un genio de una botella de leche mágica invita al narrador a escoger entre dos deseos: tener un cuadro de Picasso o convertirse en Pablo Picasso (“¿A quién no le gustaría tener un Picasso? ¿Quién rechazaría un regalo así? Y por otro lado, ¿quién no habría querido ser Picasso?”). Por supuesto, la admiración que siente el narrador de Aira por Picasso y su obra no es única, y la comparte en esta ocasión con uno de los narradores de La vida interior de las plantas de interior: el perro que Picasso pintó cincuenta y cuatro veces en sus cincuenta y cuatro variaciones de Las Meninas, quien no sólo habla de lo importante que es haber sido pintado por “El Gran Hombre” sino que cree también que en el arte lo más valioso no es la obra sino el proceso, un poco al estilo de lo que, según Pron, pasa en el caso del mismísimo Aira.

Que Pron conozca y admire la obra de Aira no quiere decir que la imite o que de ella desprenda necesariamente su inspiración, así como no quiere decir que su cuento sea por fuerza una respuesta al relato de Aira; puede que en el caso de “Un jodido día perfecto sobre la Tierra” tampoco esté respondiendo a la obra de Bolaño, pero encontrar una relación es inevitable: si en “Sensini” el chileno habla de los concursos literarios de provincias en España a través de sus concursantes, en su cuento el argentino se vale de otro escritor, esta vez en su faceta de jurado, para mostrar otra cara del mismo tema. El narrador de Pron, que sabe muy bien cómo funcionan los concursos y conoce el proceder de los concursantes, un día se sorprende con un cuento que no sólo es mejor que todos los demás cuentos del concurso que está fallando sino, además, mejor que todos los que ha leído en los últimos diez años. La pregunta implícita, más explícita en el caso de Bolaño, es por las circunstancias de quien está detrás de un cuento semejante, y la curiosidad lleva al narrador a buscar al misterioso autor aun en contra de lo que debería o sería aconsejable hacer.

Pron, como Bolaño, sitúa a los escritores en el centro de más de uno de sus relatos, y aquí suma nuevas historias de escritores que se ocupan de asuntos extraliterarios a su muy criticado “Una gira supuestamente divertida con escritores argentinos que nunca más volveré a hacer” (el fosterwallaceano título, dice, se lo impusieron en Etiqueta Negra, donde lo publicó, y el tono ahora le parece inadecuado, según ha admitido en más de una ocasión): en “Algunas palabras sobre el ciclo vital de las ranas”, el narrador, un escritor de provincias que deja su ciudad natal con la intención de crear una obra cosmopolita, pasa una temporada literalmente bajo “el escritor argentino vivo” y empieza a escribir con un nuevo fervor y de una nueva forma como respuesta a su obra; en “Diez mil hombres” hay una broma que se desdobla en nuevas versiones de sí misma y que apunta a la credulidad de los lectores y a la capacidad de las historias de desbordar la ficción; en “Trofeos de amantes que han partido”, dos escritores menores se ocupan desde puntos de vista opuestos de un autor al que el uno admira y el otro odia y al que sólo pueden acercarse desde la opinión anónima de sus blogs. Y si en “Diez mil hombres” el narrador comparte con el autor circunstancias que los hacen indistinguibles, como la residencia en Madrid o la autoría de una novela titulada El comienzo de la primavera, en “La explicación” Pron se permite prestar los títulos de su obra, en francés, a un belga llamado Laurent Maréchal para seguir jugando con elementos de su biografía como autor.

Estos detalles que los cuentos tienen en común pueden parecer débiles, pero no lo son: como sus largas frases (“opinas con escepticismo que quizá algunas frases sean demasiado largas y que el autor abusa un poco de las subordinadas”, se lee en “Un jodido día perfecto sobre la Tierra”), vienen a sumar a la creación de una unidad y un estilo, al que también contribuyen los débiles hilos que apenas parecen unir a los personajes o las circunstancias de algunos de sus cuentos, que al final se revelan completos y coherentes gracias precisamente a esa ligera cuerda que los mantiene amarrados. En el caso de “El cerco” es la fecha, de la que se dice que no importa, la que se repite entre los personajes, que apenas se encuentran para pasarse el protagonismo de un párrafo a otro; en “Como una cabeza enloquecida vaciada de su contenido”, una peluca sintética reclama el protagonismo para, volviendo atrás en el tiempo y saltando entre los personajes que de alguna forma tienen que ver con ella, elaborar sobre una vieja idea formulada por Empédocles; en “Rododendro, tradescantia, tillandsia, bromelia”, todo lo que une a un hombre con la mujer que lo persigue y que llega a imaginar una vida en común con él es la billetera que un día él olvida en el mostrador de la floristería del centro comercial donde ella trabaja y que ella nunca le entrega de vuelta.

Así como el protagonista de “Algunas palabras sobre el ciclo vital de las ranas” vive directamente bajo “el escritor argentino vivo” y dice que “los escritores argentinos viven los unos bajo la influencia de los otros y todos bajo la influencia de Jorge Luis Borges”, los escritores latinoamericanos viven todos bajo la influencia de Bolaño, de quien se ha llegado a decir que parecía incapaz de inventar un personaje que no fuera también escritor; cuando inventa escritores, Pron vuelve sobre el tema que le interesa particularmente, la literatura, y sobre todo lo que no tiene que ver directamente con ella pero se asocia con los escritores o con lo que entendemos por ser escritor. Como Bolaño, Pron está interesado particularmente en una cosa, y entiendo que se pueda pensar que el vínculo que hago entre los dos autores resulta débil, aunque estoy convencido de que, como los vínculos que unen las tramas en los cuentos de Pron, al final no lo es: hay algo que lo une todo, y eso es lo único que importa.

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